Una frase de Brecht para poner en la mesita de luz

El peor analfabeto, es el analfabeto político
él no escucha, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.
El no sabe que el costo de la vida, el precio de los porotos, del pescado, de la harina, del arriendo del zapato y del remedio dependen de las decisiones políticas.
El analfabeto político es un burro que se enorgullece e infla el pecho diciendo que odia
la política.
No sabe el IMBÉCIL que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, el asaltante y el peor de todos los bandidos que es el político sinvergüenza, deshonesto, corrupto y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.

Bertold Brecht

viernes 21 de septiembre de 2007

Modo de Vida = Fragmento del libro Veras y Burlas

De nuestra filosofía

Fecunda, eso decías,

fecunda noción deberíamos tener

de aquello que el tiempo nos daría

- yo me preguntaba ciertas

cosas al escucharte pero,

hombre, que la juventud está para eso,

sólo para preguntarse –

y agregaste:

lo nuevo viene de la mano de lo viejo

pero únicamente nace cuando suelta esa mano

y, sin darse la vuelta, saluda,

eso sí – asegurabas -,

porque lo nuevo verdadero,

lo nuevo que no es moda,

lo nuevo que surge de una necesidad

tan imperiosa como la respiración,

lo nuevo, para terminar, decías,

era muy educado.

Me parecía bien, después de todo,

porque mi madrecita, ya anciana – cumpliría

el otoño siguiente más de cincuenta años –

no gustaba de las chicas mal educadas:

mal aprendidas solía decir ella, muy ceñuda,

ya que el sólo trámite de la fecundación convertía

a cualquier estúpido comesellos y

a cualquier anodina abrepiernas

en el summun de la filosofía

y todos los consejos emanados de tamañas

fuentes de sabiduría – desde la cocción del arroz

hasta la purga a cada cambio de estación –

no podían ser otra cosa que virtudes del tamaño de melones

que ninguna chica –nunca hablaba de muchachos,

temía que yo le saliera puto –

podía dejar de seguir a pies juntillas.

De manera tal que, en ese punto al menos,

ambas estaban fecundamente ¡de acuerdo!

Y yo también.

Para hacer honor a ese destino venturoso

que nos saludaba desde el balcón de enfrente

me convertí en un entusiasta de la educación

y de la cortesía:

no había colectivero que yo no saludase,

coreano que no alentase,

mujer a quien no cediera el asiento,

político a quien no votase,

maltrato sin soportar,

con una sonrisa.

El portero de mi edificio se inclinaba

hasta tocar el piso con la frente

cuando, en las Navidades, subíamos,

ambos, con bolsas llenas de turrones,

pan dulce, sidra, vino, gaseosas, remeras,

juguetes para los críos que enmierdaban

los estrictos botones de los timbres,

corpiños para las abismales tetas de la señora,

e incluso jalea real para una suegra

devenida, por obra y gracia de

nuestra inconmensurable cortesía,

de bruja maloliente en

Rosa Luxemburgo.

En las reuniones de consorcio estábamos,

alternativamente, de parte de los unos

que puteaban a los otros y que, a su vez,

carajeaban a los primeros hasta que

una inevitable y ubicua vieja arquetípica

-con la que también estuvimos de acuerdo-

propuso castrar al administrador y a su

hijo mayor.

Cuando el sistema de cable no funcionaba

amablemente tolerábamos la menstruación

de la empleada de reclamos y

la vez que la Telefónica nos facturó

un importe como de haber llamado a la Luna

aceptamos con altura que nos devolvieran

el dinero en grabaciones

de Tom Jones.

Llegamos, incluso, andando el tiempo,

a permitir que las maestras de nuestro

único hijo, lo humillaran, insultaran,

maltrataran, idiotizaran,

amonestaran, excrementaran,

con la única salvedad

de presentar una amable nota

a la titular de Pedagogía Múltiple

quien, desde luego, de manera unánime,

la usó para limpiarse el culo,

por turnos.

Nuestro único hijo nació un

domingo de febrero y, en virtud

a eso, lo llamamos Domingo Segundo

aunque en la casa, cariñosamente,

le decíamos Ñoño:

era un rubito cálido, candoroso,

comilón, clueco, cagador,

corto, culo inquieto, costrudo,

constreñido, culebra

pero obediente.

Desde pequeño le enseñamos

la mayor de las virtudes:

el respeto por los mayores –

con lo cual respetaba hasta a aquellos

que apenas tenían un día

más de vida en su cuenta-;

el respeto por nuestras tradiciones –

apenas pudo hacerlo lanzaba

la taba con bastante soltura y

entonaba zambas, cuecas, chacareras,

tangos, milongas, vidalitas, sombreritos,

gatos, cifras, remedios, coplas,

estilos, yaravíes, guaranias,

bagualas, valses criollos, canciones

y milongas sureñas -;

la sumisión a la autoridad –

con tal éxito que entraba en trance

de sólo cruzarse con un cura, una monja,

una maestra, un militar, un policía,

un ministro, un profesor,

un dueño de heladería,

¡un vendedor de panchos! -;

debimos hacer algunos ajustes cuando

el portero del edificio –el mismo a quien

habíamos regalado la suscripción

a un canal pornográfico – comenzó a pedirle

que se bajara los calzones;

eso fue demasiado.

De haber permitido tamaña monstruosidad

nos hubiésemos malquistado con el portero:

Ñoño tiene flatulencia congénita.

¡Ah! ¡Noches y noches buscando la salida al atolladero!

De quién sino de ella, de la única, de la santa

que me eligió una tarde de agosto a la salida

de la Facultad, de la madre de mi hijo,

de la nuera de mis padres,

de la vocal segunda de la Cooperadora

de la escuela de Ñoño,

de la coreuta en el coro destartalado de

la Parroquia del barrio,

de quién sino de ella vendría la solución.

Preparamos todo; hasta compramos

un nuevo juego de sábanas con ilustraciones

adecuadas al menester que servirían:

tremebundas fotos de Pampita,

de Teté C., de Susana G., de ¡Mirta!,

de las hermanitas Avon, de la uruguaya

Amalia Tenreiro, ¡de la señora del

Príncipe de Dinamarca! ¡Todas! ¡Todas!

¡Todas ellas en pelotas y con la lengua afuera!

El otro aspecto de nuestra preparación

fue menos problemático:

una recorrida por los negocios del Once

y volver a nuestra casa con un conjunto

de corpiño y bombacha

con cuya tela, sumada, sólo

hubiéramos podido remendar

el moño de un smoking.

¡Le quedaba tan bien!

¡Relucía tanto el hilito negro

entre sus redondas nalgas blancas!

¡Estoy lista! – me dijo, emocionada.

Citamos al portero a la hora de la siesta

y minutos antes de que el buen hombre

se apersonara en nuestro departamento

alcé a Ñoño en brazos y me fui

al circo de Moscú.

El honesto empleado fue recibido

por mi mujer; y tan amable resultó

que, antes de quitarse los pantalones,

arregló una canilla que goteaba;

luego de lo cual entró con mi mujer

en el dormitorio y la sodomizó a conciencia;

una vez, dos veces, una tercera,

una increíble cuarta vez,

para la quinta necesitó del reparador

sortilegio de una cerveza fresca;

a la octava hizo una pausa para

embucharse dos pizzas de muzzarella

y tres empanadas de humita y,

obsesionado con su trabajo –

el hombre es la responsabilidad en persona-,

encaró la undécima sin la necesaria

tranquilidad en el obrar.

La situación se había salvado:

cuando llegamos, con Ñoño y dos kilos

de helado de frambuesa,

mi mujer nos recibió con lágrimas de emoción

y una bolsa de hielo.

¡Dios! ¡Las huellas del combate

habían quedado a la vista en cada

una de las caras que nos saludaban

desde las sábanas!

Durante una semana mi mujer

durmió boca abajo pero nuestra

conciencia estaba en paz.

Y de allí en más:

¡cuántas veces agasajamos a jefes,

supervisores, médicos, electricistas,

Testigos de Jehová, vendedores ambulantes,

fumigadores, vecinos sin azúcar,

compañeros en tren de casamiento,

estudiantes a punto de recibirse,

manifestaciones de desocupados,

cartoneros, botelleros, censistas,

todo aquél a quien quisiéramos

hacer el bien!

Sin embargo

dos dudas insidiosas

como moscardones

le tarasconeaban el meollo:

- ¿por qué todos los hombres

quieren el mismo lugar

para descargar

sus emociones?

¿Por qué el hielo

es tan caro?

De la educación de Ñoño

Lamentablemente aún nuestras preclaras

autoridades no entendieron de la

necesidad de una Salita para

niños de dos años.

¡Ministro! ¡Secretaria! ¡Autoridades!

¡Dos años a merced de la barbarie

que tanto encaneció a Sarmiento!

Sin embargo, apenas cumplidos los tres años,

nuestro Ñoño se apersonó, flamante,

al Jardín de la Escuela de la zona.

Multitud de compañeritos pululaban

inquietos y ansiosos por el gélido patio

central; a la vista de la orgullosa

bandera y de los carritos de la leche.

Del despacho principal, con paso altivo

y a la vez empapado en toda la sabiduría

de la Tierra,

salió la señora Directora y la señora Directora

de Jardines de la región que abarcaba

nuestro barrio: región JIN 1.

Casi lloramos de emoción cuando

la augusta mujer les habló a los niños

(con tantos idiotismos que pensé,

inmediatamente, en la necesidad municipal

de un diccionario de ellos)

Luego, alzando el tono y la mirada,

nos habló a nosotros, los padres:

- ¡Déjennos a sus niños y se los devolveremos

hombres de provecho! – tronó.

Eso hicimos.

“La familia es la base de la sociedad”

leímos, esa tarde, en el cuadernito

de Ñoño; y aún más:

“Respeta a tus mayores, a tus maestros,

a la señora de la leche, a tus compañeros,

al señor Supervisor del Ministerio

y a tus padres”

Mi mujer copió primorosamente

este primer escalón de Ñoño hacia las alturas

de la vida

y lo enmarcó y lo colgó en el centro mismo

de una pared que, previamente,

pintamos de blanco.

¡Cómo relucian allí esas palabras!

Seguimos leyendo:

“Debes ser pulcro y obediente

debes ser atento y prolijo,

debes dar las gracias por todo

(¡admirable simplificación adecuada,

sin duda, a una mente infantil!),

debes permanecer quieto y en silencio,

debes sentarte sin cruzar las piernas,

debes usar la pollera por debajo de las rodillas,

debes usar el pelo atado y recogido,

debes sentarte con las piernas apretadas,

muy apretadas,

debes avisar a la señora Directora

si el portero intenta

levantarte la pollerita

o bajarte el pantaloncito.

Caramba - dijo mi mujer, levemente

decepcionada – quizás deberíamos visitar

a ese portero.

Cuando Ñoño trajo la lista de materiales

necesarios para la pronta formación

de su carácter salimos a toda marcha

por esas calles de Dios

y compramos:

fósforos, velas, monedas antiguas,

botellas panzonas, cable bipolar,

plastilina, pegamento, hojas blancas,

celestes, amarillas, verdes, topacio,

esmeralda, plateadas, doradas, terciopeladas,

filigranadas, apaisadas, crepé,

transparentes,

hojitas de afeitar, corchos, ruleros,

masilla, tornillos, tuercas, arroz, fideos,

botones grandes y pequeños,

etiquetas con la figura de Pluto,

algodón, gasa, alcohol, hilo de coser,

hilo de anudar matambre,

hilo de sisal, hilo de pescar,

y doscientos setenta y cinco

gramos de lentejuelas.

El resultado del trabajo con tan

variados materiales lo colgamos,

también,

en la pared blanca.

¡Qué incentivo de la expresión artística!

¡Qué nutriente de Picassos y Dalíes!

Era una vaca preciosa.

- Sin ustedes no podríamos hacer nada –

nos dijo la Directora sacándole punta a una tiza -.

Padres, la escuela es el segundo hogar,

pero para que esta institución,

y los hombres y mujeres que la hacemos

y que volcamos nuestra vida, nuestra fe,

nuestro infinito amor en ella,

sea el segundo hogar –

hizo una pausa para firmar una planilla –

¡debe existir un Primer Hogar!

¿Entienden?

Por eso trabajamos, por las tardes,

tirados en el piso del gélido patio,

a la vista de la bandera y del carrito de la leche,

en una docena de vacas primorosas

a la vista de nuestros asombrados hijos.

Una mujer, una... degenerada, una... psicóloga,

una loca retorcida, una desquiciada mental,

una transformista de la lengua,

dijo que ella no podía seguir haciendo estupideces.

Las santas palabras de la señora Directora

no mellaron su estólido parecer.

La dejamos irse, no sin antes dedicarles

algunas sensatas palabras a las mustias

mentes infantiles que miraban la escena:

- por allí empieza la pudrición, niños.

(continúa)

jueves 20 de septiembre de 2007

Nota publicada en Cagoindios.com - La Santa Inquisición



LA ÚLTIMA VÍCTIMA DE LA INQUISICIÓN

El texto que sigue está extraído de la Historia de España, de Modesto Lafuente (tomo XIX, pág. 140 y ss.). Hay que hacer notar que el autor es coetáneo de los hechos que narra y de su lectura se deduce que le duelen particularmente porque era conservador y católico practicante, de manera que expone el caso obviando los detalles más escabrosos. Aun así, resulta espeluznante.

Insaciable también el clero en el repartimiento de preferencias y favores. no satisfecho con que se hubiesen distribuido las mitras, prebendas y beneficios más pingües y codiciados entre los eclesiásticos que más se distinguían por sus servicios o su adhesión a la causa del absolutismo; no contento con la señalada protección que seguía dispensándole el ministro de Gracia y Justicia Calomarde, ni con la real orden de 13 de marzo (1824), en que el rey volvía a encargar que las dignidades y prebendas vacantes se diesen a los que en los últimos tres años se habían señalado más por la fidelidad a su persona, todavía unos prelados pedían el restablecimiento de la Inquisición; otros, como los de Valencia, Tarragona y Orihuela, la restablecían de hecho en sus diócesis, aunque con el nombre, de Juntas de Fe, presididas por ellos, y nombrando individuos a los que habían sido inquisidores o secretarios del Santo Oficio. El obispo de León en una pastoral decía que las voces de paz y concordia, caridad y fraternidad, eran el arma con que los ateos de nuestros días querían establecer su cetro de hierro, y añadía: "No os olvidéis de lo que dice Isaías: que con los impíos no tengáis unión, ni aun en el sepulcro; y lo que encarga San Juan y San Pablo, modelos y apóstoles de la caridad, que ni comamos ni aun nos saludemos con los que no reciban la doctrina de nuestro Señor Jesucristo".

Señalóse entre otras por su rigor la Junta de la Fe de Valencia, igualmente que el arzobispo de la diócesis, y hubiera bastado a darles funesta celebridad el caso del maestro de primeras letras de Ruzafa don Cayetano Ripoll. Este desgraciado, a quien todos los que le conocieron suponen un hombre caritativo, sobrio, y dotado de otras excelentes prendas, había tenido la desgracia de imbuirse en la lectura de ciertos filósofos materialistas del pasado siglo, y cometido la imprudencia de mostrar cierto desdén y desvío de las devociones y prácticas religiosas a la vista y por no buen ejemplo de los mismos niños de su escuela, y de proferir en conversaciones particulares expresiones y máximas no propias de un buen católico, si bien se asegura que ni daba escándalo público, ni sembraba, ni enseñaba a otros sus errores. Mas no era necesario tanto en aquellos tiempos, y más habiendo sido miliciano nacional de Valencia. Denunciado a la Junta de la Fe, al parecer por una mujer, se le formó causa, y se le hizo la acusación de que no oía misa en los días festivos, de que en materia de doctrina cristiana sólo enseñaba a los niños los mandamientos de la ley de Dios, y de que cuando pasaba el Santo Viático no salía a la puerta de la escuela a tributarle veneración, sin embargo de que los muchachos lo hacían. Se procedió al examen de trece testigos, de cuyas declaraciones no se dio conocimiento al encausado, y ordenóse su arresto y el embargo de sus bienes (29 de setiembre, 1824).

La causa corrió varios y no nada breves ni ligeros trámites. De toda la documentación que sobre ella hemos visto resulta principalmente, que conforme al dictamen fiscal se le destinó un teólogo que le instruyera en los misterios y dogmas de la religión, el cual informó "que las fuerzas intelectuales de Ripoll eran muy débiles, que era muy apegado a su propio dictamen, y que su ignorancia en materias religiosas iba acompañada de una gran soberbia de entendimiento, con lo que dando por completo el sumario, acusóle el fiscal de que tácitamente confesaba los cargos, dando a entender "que le constituía contumaz y hereje formal que abraza toda especie de herejía". Con esto el tribunal de la Fe dijo: "que no ha cesado de practicar las más vivas diligencias para persuadir a Cayetano Ripoll la contumacia de sus errores por medio de eclesiásticos doctos y de probidad, celosos de la salvación de su alma; y viendo su terquedad y contumacia en ellos, ha consultado con la Junta de la Fe, y ha sido de parecer que sea relajado don Cayetano Ripoll, como hereje formal y contumaz, a la justicia ordinaria, para que sea juzgado según las leyes como haya lugar, cuyo parecer ha sido confirmado por el excelentísimo e ilustrísimo señor Arzobispo". Así se mandó en auto de 30 de marzo de 1826. La sala del Crimen de la Audiencia por su parte falló, "que debe condenar a Cayetano Ripoll en la pena de horca, y en la de ser quemado corno hereje pertinaz y acabado, y en la confiscación de todos los bienes; que la quema podrá figurarse pintando varias llamas en un cubo, que podrá colocarse por manos del ejecutor bajo del patíbulo ínterin permanezca en él el cuerpo del reo, y colocarlo después de sofocado en el mismo, conduciéndose de este modo y enterrándose en lugar profano; y por cuanto se halla fuera de la comunión de la Iglesia católica, no es necesario se le den los tres días de preparación acostumbrados, sino bastará se ejecute dentro de las veinticuatro horas, y menos los auxilios religiosos y demás diligencias que se acostumbran entre los cristianos".

Ni se le oyó de palabra ni por escrito, ni se le dio defensor, ni se le comunicó el estado de la causa hasta el momento terrible en que se le notificó la sentencia. Contrastaba tanto rigor con la resignación que al decir de todos mostró antes y después en la cárcel el desgraciado, no exhalando una sola queja, ni lamentándose siquiera de su suerte. Para conducirle al patíbulo, se cubrieron o se quitaron las imágenes y las cruces de los retablos que había en la carrera Sólo al atarle con excesiva fuerza las muñecas el ejecutor de la justicia se quejó exclamando: "Por Dios, hermano, no tan fuerte:" lo que le valió una brusca respuesta del verdugo. Al fin expiró en el cadalso aquel infeliz diciendo: "Muero reconciliado con Dios y con los hombres" (31 de julio, 1826). Dícese que al dar cuenta al gobierno de esta ejecución preguntó el ministro qué tribunal era la Junta de la Fe de Valencia no estando autorizado por orden alguna del rey. ¡Ignorancia bien extraña, si ignorancia era! En Francia llenaron de maldiciones a los que así restablecían en España los autos inquisitoriales: la imprenta inglesa los denunció al mundo con indignación, y se escandalizó la Europa entera. Nosotros nos hemos detenido algo en la relación de este suceso, siquiera por la razón consoladora de haber sido el último sangriento testimonio de la intolerancia religiosa en España, y el, postrer auto de fe del presente siglo.

miércoles 12 de septiembre de 2007

Si uno creía haberlo visto todo...

Si vos creías haberlo visto todo leé esta noticia que levanté de Yahoo.
Y, al final proponemos alternativas argentinas, por qué no, si a la hora de copiar imbecilidades somos los mejores.

El fetichismo que circunda a los famosos fue llevado a puntos extremos por una página de internet que puso en venta saliva, fluidos, orina y hasta excrementos de estrellas de Hollywood.

El stock de Celebrity Skin and Bodily fluids, como es el nombre de la tienda on line que ofrece esta particular mercadería, está conformado por las celulas de la piel de Sarah Jessica Parker y Mike Tyson, tasados en 15,75 y 12,75 dólares respectivamente.

Sin dudas, los artículos más llamativos son los de índole escatológica, como los excrementos de Robert Downey Jr, cuyo precio asciende a 33 dólares, mientras por el material evacuado por Jack Black, el bizarro comprador deberá pagar 92 dólares.

La empresa omitió cualquier explicación relativa al método al cual acude para valuar la mercancía, pero muy probablemente esté relacionada con el mecanismo usado para la recolección y, dicho sea de paso, garantiza la autenticidad de todos sus productos a través de un riguroso test.

De acuerdo a informaciones de la prensa especializada, este sitio fue creado en 2003 por un grupo de ex asistentes personales de estrellas hollywoodenses, quienes encontraron la forma de multiplicar sus cesantías acudiendo a un tipo de material al que sus dueños le dan poco valor.



Ahora vamos con los precios acá, en la Argentina, de la nueva empresa de Mauricio, Tereso's files:


1 kg de moco de Fidel Pintos: u$s 18,75

20 gramos de cerebro de Carlos Saúl (sin uso) u$s 137,65 (más 2 sobresueldos)

Nariz de Charly García u$s 1,24

20 kg de Elisa Carrió (bendecidos por Bergoglio) u$s 34,75 el kilo

1 container de bombachas de una sola puesta de Cristina F u$s 234,56

Restos de tratamiento de conducto de Juan Carlos Rousellot u$s 21,08

Orina del perro de Pinky u$s 14,87

Cerebros completos del staff de modelos de Giordano, 20 en total (no lo necesitan) u$s 32,56 c/u

1 falange de la mano derecha de Perón, del que usaba para... ya saben u$s 654,67

400 kg de materia fecal de De la Rúa u$s lo que se ofrezca, retiro a cargo del comprador



Más opciones en la próxima semana






martes 11 de septiembre de 2007

Frases célebres, no tan célebres, portentosas, y ridículas (una ensalada, bah)

  • La única iglesia que ilumina es la que arde (Buenaventura Durruti, anarquista)
  • Era porteño, era clase media, era colegio nacional, y esas cosas no se arreglan así nomás (Julio Cortázar, Rayuela-1961)
  • Si usted quiere saber lo que una mujer dice realmente, mírela, no la escuche (Oscar Wilde)
  • Africa tiene sus monos y Europa sus franceses (Arthur Schopenahuer)
  • Argentino es anagrama de ignorante (Jacinto Benavente)
  • Lo cortés quita lo valiente (Miguel de Unamuno)
  • En arte todos los estilos son buenos menos el fastidioso (Voltaire)
  • Un cínico es un hombre que, en cuando huele flores, busca un ataúd alrededor (Henry Louis Mencken)
  • La más segura cura para la vanidad es la soledad (Tom Wolfe)
  • Creer que un enemigo débil no puede dañarnos, es creer que una chispa no puede incendiar el bosque (Muslih Ud Din Saadi)
  • El periodismo consiste esencialmente en decir 'lord Jones ha muerto' a gente que no sabía que lord Jones estaba vivo (Gilbert Chesterton)
  • Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla (Confucio)
  • Un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta (Ralph Waldo Emerson)
  • Jamás ha habido un niño tan adorable que la madre no quiera poner a dormir (Ralph Waldo Emerson)
  • Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna… (Groucho Marx)
  • El sexo sólo es sucio si se hace bien (Woody Allen)
  • Nunca olvido una cara pero con la suya voy a hacer una excepción (Groucho Marx)
  • El 28 de diciembre nos recuerda lo que somos durante los otros 364 días del año (Mark Twain)
  • Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido que abrirla y disipar la duda (Mark Twain)
  • Si no lo puedes controlar, destrúyelo (Manual de política izquierdista)
  • De acuerdo a la idiosincracia de cada uno son las pruebas de amor (Adolfo Bioy Casares)
  • Todo lo bueno le llega al hombre que sabe esperar (Robert De Niro)
  • Yo no soy un mantenido, cobro sueldo de hijo (Federico Manuel Peralta Ramos)
  • Estamos arando en un desierto (Ignacio Pirovano)
  • El general Videla me dio una excelente impresión. Se trata de un hombre culto, modesto e inteligente. Me impresiono la amplitud de criterio y la cultura del presidente (Ernesto Sábato refiriéndose a Jorge Rafael Videla)
  • Todo les sale bien a las personas de cáracter dulce y alegre (Voltaire)
  • Hay tres clases de inteligencia: la inteligencia humana, la inteligencia animal y la inteligencia militar, en ese orden (Aldous Huxley)
  • Siempre a la juventud le ha gustado ser incendiaria y después llamar a los bomberos (Augusto Pinochet)
  • Tengo una oreja frente a la otra (José María Aznar)
  • Hay mucha especulación y me parece que seguirá habiendo mucha especulación hasta que la especulación termine (George W. Bush)
  • Los Estados Unidos son sin duda un país grande y generoso. ¿En qué otro lugar un muchacho negro y pobre como Michael Jackson podría convertirse en una mujer blanca y rica? (Red Buttons)
  • El patriotismo es la voluntad de matar y hacerse matar por razones triviales (Bertrand Rusell)
De Carlos Saúl Menem:

  • Pende sobre nuestras cabezas la espada de Penélope (Queriendo decir la espada de Damocles, claro)
  • Acá no se trata de sacarle a los ricos para darle a los pobres, como hacía Robinson Crusoe
  • Dentro de poco llegaremos de Argentina a Japón en una hora volando en cohete por la estratósfera
Los que quieran agregar más que las envíen a comentarios

Apoyá la lucha anarquista



Porque como bien dijo Eduardo Galeano:

Si el voto sirviera para cambiar algo ya estaría prohibido

Accedé al sitio:
Antielectoral anarquista

Vas a encontrar bibliografía gratis para descargar:
  • Foucault, Michael
  • Enzensberger, Hans Magnus (la mejor biografía de Durruti)
  • Bakunin, Mijail
  • Zerzan, John
  • Abad de Santillán, Diego
  • Bourdieu, Pierre
  • Fo, Darío
  • Galeano, Eduardo
  • Bayer, Osvaldo
  • Kropotkin, Pedro
  • Makhno, Nestor
  • y mucho más...




lunes 10 de septiembre de 2007

Se van a divertir con este cuento


Este es un cuento de la serie "Vida en familia". Son una serie de relatos divertidos en los que el protagonista cuenta cómo es su vida de familia a través de distintos episodios.
Espero les guste.
Y lo recomienden.
Ah, y si conocen un editor...




La educación de los niños


Rememorar el pasado puede ser consolador o terrible pero nunca indiferente.

Concluido el Jardín de Infantes, el mayor de nuestros hijos, Pedro, arribó a la educación inicial, lo que debe traducirse de la siguiente manera: durante siete años aprendería en casa todo aquello que no le enseñarían en el colegio.

Siempre tuve esa íntima convicción, avalada por mi propia experiencia. Estoy plenamente convencido de que mi mujer opina exactamente lo mismo pero con ella se produce una situación curiosa que, al cabo de los años, he aprendido a entender. Es incapaz de acordar con lo que se está diciendo, sea lo que fuere. Cuando recién nos conocimos y empezamos a gustarnos esa faceta de su personalidad me parecía, cómo decirlo, un atributo más de su encanto. Solíamos alternar con muchísima gente y ella argumentaba con pasión, con denuedo, con una decidida convicción que se explayaba en parrafadas entusiastas y vitales.

Pero, siempre por la contraria.

Si el interlocutor casual ensalzaba las bondades del socialismo ella le oponía los peligros de la burocracia; si su oponente se quejaba de la desmesura estatal ella aseguraba que a nuestro país le hacía falta un Fidel; si recomendaban los preceptos cristianos las burlas acerca del oscurantismo y la ignorancia podían estremecer a Rasputín y si alguien objetaba la religiosidad de las personas ella explicaba que nada sabemos de la vida y que hay que ser comprensivos y respetuosos con los demás.

Pero todas estas actitudes contrapuestas no implicaban, bajo ningún concepto, que incurriera en contradicción, no. Ella, realmente, creía en cada una de las cosas que afirmaba; y sería injusto decir que era varias personas a la vez. Sus posturas variadas eran un reflejo perfecto de sí misma: el asunto era llevarle la contraria a alguien.

Todos sabemos y nos burlamos del susurro comunitario a la hora de cantar en los actos escolares. Nos miramos con cierta complacencia y metemos la voz aún más hacia adentro de tal manera que nuestros estómagos se deben sentir muy patriotas. Todos, menos Miriam.

¿Por qué? ¡Pues para llevar la contraria!

- Es vergonzoso que no sintamos orgullo por nuestro país. Los yanquis, se dirá lo que se quiera, cantan a grito pelado y agitan la banderita.

Lo más increíble del caso es que, una semana antes, y ante un comentario similar de alguien a quien no recuerdo y en un lugar que tampoco recuerdo, sarcástica, largó:

- ¡Sí! ¡Las bombas atómicas también las tiraron agitando las banderitas!

Pero estábamos con nuestra púdica manera de cantar.

Desde luego, en el colegio, apenas llegó el primer aniversario patrio, puso a prueba su disposición por hacer quedar mal a todo el mundo –empezando por mí- y apenas el maestro de música logró, angustiosamente, sortear la introducción, Miriam tomó aire, impulso y abrió la boca como para tragarse un jamón.

Dios mío.

Mi mujer cantaba el Himno con tal desgarradora ferocidad que daban ganas de hacerse ciudadano iraní. La gente se volvía y nos miraba, sonriendo para adentro, discreta. Los chicos, que no son discretos, ni son gente, se reían sin el más mínimo empacho y alguno nos sacó la le